Por Cris Batista | Feb 24, 2026

ICE: Un legado de violencia y supremacía blanca

ICE no está simplemente haciendo cumplir la ley migratoria – está expandiendo los límites de la violencia del Estado.

En el último año, hemos visto la alarmante evolución del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), específicamente a través de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Patrulla Fronteriza (CBP). Al inicio del segundo mandato del presidente Trump, utilizaron las protestas pro-Palestina para señalar y deportar a estudiantes activistas. Luego, el foco cambió rápidamente hacia organizadores proinmigrantes y hacia un resurgimiento de redadas en vecindarios y lugares de trabajo.

Durante el resto de 2025, vimos a agentes de ICE y CBP empujar más allá de las políticas vigentes y de los estándares éticos. Es importante dejarlo claro: ICE no es una anomalía. Las fuerzas del Estado que aplican las leyes migratorias son herencia directa de la violenta y vergonzosa historia de las patrullas esclavistas en Estados Unidos.

Un hombre es detenido después de que agentes del ICE y otros agentes del orden público llevaran a cabo una redada de inmigración en su domicilio. Foto de Leah Millis/Reuters.

Mientras comunidades en todo el país y en Puerto Rico resisten a ICE, debemos enfrentar con claridad el pasado, el presente y el futuro.

La escalada que enfrentamos ahora

En este momento, estamos viendo cómo la aplicación federal de leyes migratorias pasa de brutal a letal. En enero, agentes de ICE/CBP mataron a Renee Good y Alex Pretti en incidentes separados mientras participaban en labores de defensa comunitaria. Pero no fueron casos aislados. Otras seis personas ya han muerto en 2026 bajo custodia de ICE/CBP, marcando un ritmo alarmante para el nuevo año y siguiendo el patrón de muertes del año pasado.

En la víspera de Año Nuevo, Keith Porter Jr. fue fatalmente baleado en Los Ángeles por un agente de ICE fuera de servicio que era su vecino. Solo en 2025, al menos 32 personas murieron bajo custodia de ICE, convirtiéndolo en el año más letal desde 2004. En octubre pasado, Silverio Villegas-González fue asesinado por agentes de ICE en Chicago luego de intentar huir de un arresto tras ser seguido por ellos.

No es sorpresa que nuestras comunidades estén indignadas y heridas. Esto no es “ley y orden”. Es violencia patrocinada por el Estado. Todo aquello que se oponga a ICE y a la administración Trump (y por extensión a la supremacía blanca) se convierte en blanco de su terror.

Agentes federales de la Patrulla Fronteriza detienen a un manifestante en una protesta contra el homicidio de Renee Nicole Good a manos de un agente del ICE. (Foto de BLAKE FAGAN/AFP vía Getty Images)

Esta semana, las acciones de ICE y CBP están bajo escrutinio en el Congreso, lo que llevó a una pausa en fondos y al cierre parcial del DHS el 14 de febrero. Mientras miramos hacia lo que traerá el próximo año, queda claro que la administración Trump gobierna con violencia, represión y miedo.

Esto es más grande que ICE

ICE es descendiente de sistemas violentos como las patrullas esclavistas, los internados escolares forzados, la aplicación de las leyes Jim Crow y la policía política. La aplicación de leyes migratorias está profundamente arraigada en la base racista y supremacista blanca de Estados Unidos. Como sus antecesores cazadores de esclavos, ICE y CBP ignoran los derechos humanos para sostener sistemas que benefician a los ricos y poderosos.

Nuestro llamado a eliminar ICE es solo el primer paso – un paso crítico que expone siglos de crueldad, desde el Trail of Tears hasta hoy. Debemos aprovechar este momento para seguir luchando y construir momentum, sin perder el enfoque.

La criminalización, los presupuestos en expansión… no se trata solo de política migratoria o control fronterizo. La violencia y el desprecio por la dignidad humana revelan la verdadera naturaleza de ICE. Se trata del poder de decidir quién es tratado como plenamente humano — y quién no, en este país y más allá. Estamos viendo dos caras de la misma moneda.

La caja de herramientas de la supremacía blanca de ICE

El año pasado explicamos cómo la administración Trump utiliza las deportaciones como herramienta contra inmigrantes y la disidencia. Ahora es evidente que la inmigración es la cortina de humo para una visión supremacista blanca del futuro. Y su estrategia principal es la represión, la violencia y el miedo.

Similar a las tácticas policiales de 2020, agentes federales utilizan gas lacrimógeno, gas pimienta y fuerza letal en concentraciones de defensa comunitaria y protestas. Están escalando la intimidación contra observadores legales e incluso señalando a funcionarios electos que toman acciones contra los arrestos de ICE.

Agentes del ICE detienen a una mujer tras sacarla de un coche el 13 de enero de 2026 en Minneapolis. (Foto de Stephen Maturen/Getty Images)

Y cuando no tienen respaldo legal, moldean las leyes a su conveniencia. Nuevas legislaciones amplían el control federal, criminalizan la protesta y permiten a ICE suprimir la disidencia más allá de las jurisdicciones federales. En tiempo real, vemos cómo la administración Trump sistematiza el control y erosiona nuestras libertades constitucionales.

No solo estamos presenciando una aplicación violenta de la ley; estamos viendo al gobierno ejecutar una agenda política racista y xenófoba mediante el despliegue de la fuerza federal.

El desgaste y el precio de decir presente

Las demostraciones de fuerza y violencia del DHS, ICE y CBP son el punto central de su estrategia. Buscan exponernos constantemente a traumas que generan estrés postraumático y agotamiento. Hemos visto el costo en comunidades afectadas, organizaciones y aliades. El Estado quiere que estemos cansades y desmoralizades. Si estamos con miedo, complacientes y desconectades, les resulta más fácil continuar aterrorizando nuestros vecindarios.

Pero por eso mismo nuestra resistencia continua es tan crucial. Desde la documentación y la capacitación, hasta la narrativa y el cuidado mutuo: nos necesitamos. Más que nunca debemos mantener la mirada en nuestros objetivos de libertad y dignidad humana. Estamos aquí, en la lucha y en las trincheras, construyendo el Buen Vivir para nuestras comunidades — incluyendo a inmigrantes sin importar su estatus.

La gente protesta contra el ICE durante un “cierre nacional” en Nueva York el viernes 30 de enero. (Foto de Eduardo Muñoz/Reuters)

Aún tenemos poder y debemos ejercerlo

Hemos visto una resistencia tremenda en Estados Unidos y Puerto Rico. Organizadores y comunidades luchan desde todos los frentes posibles — sin, contra y desde el Estado.

Sin el Estado: comunidades creando redes de seguridad, ayuda mutua y sistemas de respuesta confiables.
Contra el Estado: organizadores exponiendo abusos, liderando protestas y generando presión pública.
Desde el Estado: funcionarios electos, sindicatos y coaliciones impulsando políticas para limitar el poder y el financiamiento de ICE.

Estas acciones también incluyen:

  • Protestas ruidosas en hoteles donde se hospedan agentes de ICE
  • Legisladores visitando centros de detención y denunciando condiciones
  • Observadores legales documentando violencia estatal
  • Vecindarios usando silbatos y alarmas de carro para alertar sobre la presencia de ICE
  • Recaudaciones de dinero, alimentos y recursos para para apoyar a familias afectadas
  • Decenas de miles bloqueando calles y negocios en protesta

La resistencia está ocurriendo en múltiples frentes, y cada ángulo cuenta. No es una sola táctica, sino una respuesta integral que nos ayudará a ganar.

La visión supremacista blanca de Trump implica que agencias como ICE actúen con impunidad y a su vez la vuelta del imperialismo y colonialismo estadounidense como política exterior. Implica el desmantelamiento continuo de nuestros derechos constitucionales a reunirnos y protestar sin violencia, y mayores restricciones a la libertad de expresión, prensa y organización.

Todo está conectado. Tanto que el poema de Martin Niemöller, “Primero vinieron…”, podría reescribirse para nuestros tiempos:

Primero vinieron por “inmigrantes criminales” y no hice nada porque yo no era uno de ellos. Luego vinieron por “estudiantes terroristas” y no hice nada porque yo no era uno de ellos. Luego vinieron por activistas y observadores legales, y no hice nada porque no era uno de ellos. Luego vinieron por todes, y no hice nada porque ya no quedaba nadie para resistir.

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